domingo, 24 de marzo de 2013

No estoy obligada a amarte...

Mi día iba de maravilla, hasta que tocaron a la puerta de mi casa. Era él con su cara de idiota. Portaba una falsa máscara de arrepentimiento. Me impactó verlo allí y aun más me sorprendió ver lo que tenía en la mano. Me llevó un anillo de compromiso. Suplicaba que lo perdonara y aceptara casarme con él. ¿Casarme con un patán?. Obviamente, no iba a aceptar. Después de todo lo que nos hizo a mi hijo y a mí, no podía ni siquiera permitirle decir una palabra más.
Le pedí amablemente que se fuera de allí. No tenía nada que hablar con él. Las cosas ya habían quedado claras desde el momento de su partida. Considero que el matrimonio no debe darse por obligación sino por amor. La verdad, no lo amo. Sinceramente, no sé si en algún momento lo amé. Pero estoy completamente segura de no querer pasar el resto de mis días con una persona como él.
No iba quedarme allí, esperando a que regresara a buscarnos y nos llevara a la fuerza. Es una persona que no se conforma y mucho menos sabe perder. Tomé algo de ropa del bebé y mía, me dirigí al aeropuerto, compré unos boletos con destino a Cancún, y ese día decidí que jamás volveríamos a pisar el Distrito Federal. Por suerte una de mis tías paternas vivía allá. Solidariamente me ofreció su casa para que mi hijo y yo tuviésemos a dónde llegar, y así empezar una nueva vida, donde por el momento solo fuéramos Nicolás y yo.
Hoy en día espero un amor sincero. Una persona que me acepte con defectos y virtudes, que complemente nuestras vidas y, sobre todas las cosas, que seamos felices juntos.
Después de un tiempo, por razones personales, tuve que regresar al Distrito Federal a terminar la carrera de Administración. Sé que me propuse no volver, pero mis padres y mi hermano viven aquí. Voy a llevarlos conmigo una vez que concluya mis estudios.

domingo, 17 de marzo de 2013

Tenemos más de lo que merecemos

Después de tener a mi hijo, mi corazón se hizo más sensible ante la necesidad en el mundo. Tomé la decisión de decirle a mi familia que ayudáramos a los niños huérfanos, a los ancianos y a los perros callejeros. Un sábado en la mañana, decidimos visitar esos lugares (una casa hogar, un asilo y un refugio), pensé que era el mejor momento para empezar a ayudar a quienes verdaderamente lo necesitaban. Es muy triste ver como sufren en esos lugares. Quisiéramos ayudar a todos y darles lo mejor pero la realidad es que no se puede. Es inevitable derramar una que otra lágrima ante la gran necesidad de esos lugares. En la casa hogar solo nos permitían acercarnos a algunos niños, y cuando platicamos con ellos nos decían que si íbamos a llevarlos con nosotros. Cuando vemos las cosas externamente; solo son niños abandonados, pero la realidad es que son más que eso. Son niños con daños psicológicos terribles: debido a violaciones, maltrato, explotación, etc.
Por otro lado, en los asilos se vive un ambiente de mucha depresión. Es gente a la que un día llevaron, jamás regresaron a verlos y mucho menos a sacarlos de allí. Debo confesar que en ese lugar nos tocaron insultos. Hay ancianos que son muy huraños y otros que piensan que si vas a visitarlos es por lástima.
Finalmente fuimos al refugio de perros. El lugar que me dejó mas dolida. Tengo un cariño muy especial por esos animales. El ver cómo están heridos y sufriendo me quebranta el corazón. En ese lugar se les cuida con mucho amor y delicadeza. Todos los días se recogen de la calle mínimo 15 perros. Algunos son sacrificados: debido a las enfermedades que van adquiriendo durante el tiempo que están desprotegidos en las calles. En ese refugio se ve de todo; perros mutilados, violados, ciegos, etc. A pesar de todo lo que han vivido, se levantan y, te roban sonrisas con lo que hacen.
Ya en la noche, acostada en mi cama, pensaba que no podía irme de este mundo sin antes hacer un refugio para perros y tener una asociación que ayude a los niños y a los ancianos. Yo seré la dueña y administradora de esos lugares, obviamente.


 

domingo, 10 de marzo de 2013

Del amor también nace el odio

En el año 2011, la decepción de no haberme ganado un lugar en una de las mejores universidades públicas del país me llevó a caer en una profunda y muy dolorosa depresión.
Algunos meses después llegó a mi vida el hombre que aparentemente me ayudaría a salir de esa terrible depresión. Creía estar enamorada. Al poco tiempo de habernos conocido, nos dimos la oportunidad de tener un noviazgo. Al principio todo era muy bello, pero con el paso del tiempo se cayeron las máscaras y se fueron presentando celos, gritos, humillaciones y mucha violencia. Poco a poco las peleas se volvieron más frecuentes; sin embargo, no quería darme cuenta de la realidad por miedo a estar sola y por la costumbre de estar con esa persona.

Una noche discutí fuertemente con mi madre, y eso me llevó a cometer el error más grande de mi vida. Antes de que llegasen las fiestas decembrinas, Nicolás había sido concebido bajo el influjo del alcohol. Aterrada por la noticia, pensé que lo mejor sería casarme. Con los ojos llenos de lágrimas, miré a mis padres y les conté lo que estaba pasando.
Recuerdo que, esa noche lloré hasta cansarme: había tomado la decisión de dejarlo, acepté la realidad. Era muy infeliz a su lado.
Con la noticia del embarazo creí que estaba atada de por vida a quien tanto mal me estaba haciendo. Mis padres amorosamente me brindaron su apoyo. Con su ayuda, decidí salir adelante por mí y por mi hijo. Iba a necesitarme, una criatura indefensa que no conocía la maldad de aquel hombre que decía ser su padre pero que siempre demostró todo lo contrario.
Mi embarazo fue la etapa más dura que pude haber vivido. Primer trimestre, vómitos, mareos, nauseas, dolores de cabeza y mucho cansancio. El segundo trimestre fue el que más disfruté. El tercero, el último, fue sin duda alguna el más difícil. Me dio una trombosis en una de mis piernas: dos meses en cama, sin poder levantarme.
Llegado el fin de ese gran tormento, conocí a quien hoy en día es mi motor de vida, a quien al levantarme me regala una sonrisa y hace de mis días los mas dichosos, felices y plenos.
Es la razón por la que cada momento agradezco a Dios que me permita ver un nuevo amanecer, me da las fuerzas para construir un futuro diferente.

lunes, 4 de marzo de 2013

Una noticia que me cambió la vida

Caminando de regreso a mi casa, recibí una llamada telefónica que me dejaría con un nudo en la garganta. Era la mamá de Oscar avisándome que su hijo había tenido un accidente automovilístico y que estaba muy grave. Desesperada por no saber qué hacer, me fui muy de prisa hacia el hospital en donde estaba internado.  Me acerqué al doctor para preguntarle en que condición se encontraba mi novio.  Dijo que estaba muy mal, le dio un derrame cerebral: el impacto que tuvo al momento del choque fue muy fuerte. Sinceramente, no sabía si gritar, llorar o simplemente salirme del lugar para estar sola. El doctor seguro de sus conocimientos y de su experiencia como médico, afirmaba que solo un  milagro podía salvarlo. No quería irme a casa, mi deber era estar presente en el hospital  para cualquier noticia o diagnóstico que se diera.  A la mañana siguiente, mi suegra me despertó con la noticia de que Oscar había fallecido. Fue el golpe más duro que la vida pudo darme.
Sentía que jamás iba a superar la muerte de mi novio. Me refugié en las drogas y en el alcohol: me hacían olvidar que el amor de mi vida ya no estaba conmigo. Jamás lo volvería a ver.
Pasé muchos días llorándole, rogándole a la vida que me lo trajera de vuelta. Era una estupidez, nunca iba a regresar a mi lado. Después de mucho llorarle, tomé la decisión de enterrar cada uno de los recuerdos que tenía de él. Era el momento de mirar hacia adelante y no dar ni un solo paso atrás.
Hubo una revolución en mi vida: dejé las drogas y el alcohol. Me metí a una academia de canto, la música es mi pasión. Sabía que si me dedicaba a hacer lo que más me gustaba iba ser más fácil levantarme de esa gran prueba. Finalmente, en esa nueva escuela conocí mucha gente, unos sinceros y otros no. Mi profesor  me hacia olvidar a las personas que eran hipócritas conmigo: me gustaba. Recuerdo que en varias ocasiones me invitó a salir, nunca acepté.  La realidad es que no me sentía preparada para iniciar una relación con otra persona, creía que lo mejor era esperar algunos años. Y aunque me encantaba estar cerca de él, no quería lastimarlo.

domingo, 24 de febrero de 2013

El primer amor nunca se olvida parte 2

 
Después de mucho insistirle me contó toda la verdad. Las lágrimas bajaban sobre mis mejillas, nunca imaginé que pasaría eso. Tenía un nudo en la garganta, me quedé unos minutos en silencio. Sinceramente no tenía nada que decirle, el dolor era muy grande, pensé que lo mejor sería retirarme del lugar. Por supuesto, mi orgullo fue más grande que mi dominio propio. Así que, en seguida le reclamé, pero no tuvo otra cosa que decir más que perdóname. Me di la vuelta sin decir nada, no quería seguir escuchando sus pretextos y falsos argumentos, no existía algo que justificara lo que había hecho. Fui al tocador, no podía dejar de llorar, mi amiga Paulina me abrazó fuertemente y soltó algunas palabras que pudiesen darme un poco de aliento. La realidad es que en ese momento nada me hacía sentir bien, solo quería desahogarme y sacar toda la rabia que llevaba dentro.

Terminaron las clases y salí corriendo a casa. Mamá ya estaba esperándome; como todos los días, la mesa bien puesta, una deliciosa comida, un abrazo y un beso, con mucho amor. Intentaba que no se me salieran las lágrimas en frente de ella, pero fue inevitable que notará lo mal que me sentía. Mi confidente, mi amiga y compañera incondicional, tenía que contarle lo que estaba pasando, si no le decía el dolor iba a matarme. El temor de que me dijera... ¡te lo dije!, impidió que yo confiadamente charlara con ella. Así que, solo le dije que no había tenido un buen día en la escuela. Terminé de comer, me encerré en mi habitación y el resto del día me la pasé llorando.

Al día siguiente, no tenía ganas de ir a la escuela, pero no iba permitir que las acciones de un patán arruinaran mi vida. Llegando a la escuela, se acercó a mí y me pidió que habláramos. Por supuesto que no acepté, (pensándolo mejor, no era mala idea, decirle que la relación había terminado, no iba a perdonarlo). Al terminar la primera clase, de nuevo se acercó y acepté hablar con él. Platicamos un largo rato, veía sus ojos,  lo escuchaba hablar, me di cuenta que no podría estar lejos de él, realmente lo amaba.

Ese día, me sentí la mujer más estúpida del mundo. ¡Lo perdoné!

 

domingo, 17 de febrero de 2013

El primer amor nunca se olvida

Acostada en el sofá de casa, me preguntaba, cuándo llegaría a mi vida mi primer amor. Recuerdo que fue un 2 de Septiembre de 2010. El estaba ahí, parado, justo afuera de mi salón de clases, llevaba varios minutos observándome y sonreía al mirarme. 
De regreso a casa, no hubo un instante que pudiera sacarlo de mis pensamientos. ¿Oscar mi primer amor?,  (arrojando una carcajada) me decía a mi misma que era imposible, es lo mas estúpido que se me había ocurrido. Me lo encontraba casi diario en el colegio, jamás habíamos intercambiado miradas y mucho menos me hubiera imaginado tener una relación con el.

Después de varios días, descubrí que estaba enamorada de ese chico que tímidamente me sonreía. Cómo era posible que con tan solo una mirada, flechara mi corazón. 
Terminó el tercer semestre, llegaron las vacaciones y yo seguía pensando en el. Al comenzar el cuarto semestre, cheque las listas de cada una de las aulas, para saber en que grupo me tocaba, ¿casualidad o destino?, su nombre y el mio estaban inscritos en la misma lista. Mi corazón empezó a latir muy rápido, me llenaba de mucha emoción, saber que la mayor parte del día iba estar cerca de el.
Me encantaba como me hablaba y se acercaba a mi con cualquier pretexto. Una ocasión escondió su diurex, para pedirme el mio y así empezáramos a tener un poco mas de comunicación.

Al cabo de unos días, nos hicimos novios, estar con el, era lo mejor que me podía pasar, me hacía la mujer más dichosa y feliz.  Como en todas las relaciones, había días buenos, malos y hasta peores. Un viernes en la tarde, discutimos fuertemente, por una tontería. Me fui a casa muy disgustada. Pasamos el fin de semana sin escribirnos y mucho menos hablarnos. Llegado el lunes, se acerco a mi para disculparse por lo sucedido, sonreí, lo abracé muy fuerte y lo besé; para mí, todo estaba olvidado.

Me dirigía al tocador de la escuela, me encontré a mi amigo Pedro, me dijo algo que no podía creer, estaba segura de que no era verdad, ¡Oscar me engañó!. Muy triste, regresé al salón de clases, quería asegurarme de que lo dicho por Pedro era una mentira. Me acerqué a Oscar y le dije que si tenía algo que decirme, respondió que no. Le supliqué que me dijera la verdad, si no me lo decía iba a ser peor...